Gitana mía



                                          #Recuento #Vida 

2002
I

Han pasado diez años desde que esos bucles rojos se cruzaron por delante mío, diría que fue “amor a primera vista” amor de jóvenes, impaciente, lujurioso. Recién salía de una relación tormentosa y sexosa de esas que te marcan para bien y para mal, tenía ganas de devorar al mundo.

 Los constantes cambios de casa me hicieron ir de colegio en colegio y al principio trataba es encajar, después de la tercera mudanza en menos de un año se volvió tedioso.
  Departamento nuevo, rumbos nuevos, colegio nuevo, conocidos nuevos y el mismo yo. Contrastaba del resto de mis compañeros, pelo largo, delgado, cigarrillo en la boca y mi infaltable libro en la mano, Ibargüengoitia era mi compañía. El infierno conspiro y teníamos en un solo día cuatro horas continuas de lo misma materia, contabilidad…

 Tengo muy presente el momento en que la vi, entro al salón donde se realizaba la tortura semanal, de todos esos lugares vacíos tenía que escoger aquel junto a mí en la mitad del salón que mi extrañez adolescente y yo ocupábamos, la clase termino, pero no su interés, de inmediato me pidió las notas para ponerse al día, le dije que sí pero que mi caligrafía era fatal, rio, sobra decir lo que esa sonrisa me provoco, necesitaba aire salí del salón a fumar un poco, matar clase y seguir leyendo.
 
 Desde que conocí el plantel, encontré una banca a la sombra de un árbol, me apoderé de ese lugar de inmediato, ciertamente tampoco nadie lo quiso. Caminé al lugar de siempre, abrí mi libro y me dispuse a disfrutarlo mientras fumaba.
 A veces me pierdo tanto entre las letras, que pierdo la noción del tiempo y hasta de mi entorno, por eso jamás note el momento en que se acercó a mí ni cuando se sentó muy cerca.

-¿Me das un poco?

 Sonríe con coquetería, no quiero y sé que ciertamente no puedo articular una frase decente, lo último que pretendo es que me escuche tartamudear o me vea nervioso.

 Le ofrecí un cigarrillo (que no quiso aceptar) se adelantó a mi reacción y de mis dedos lo tomó, dio una larga calada, ya no iba a poder seguir leyendo con tranquilidad (eso me quedo claro) supongo que le habré echo las preguntas de rigor, solo recuerdo sus ojos, me perdía en ellos sonreía y afirmaba idiotamente.

 Por unos días fuimos solo ella y yo, dos contra los extraños. Con el transcurrir de los días otra chica se nos unió, ambas parecían salidas de un cuento de princesas, comencé a despertar la envidia de profesores y compañeros por igual, como aves carroñeras comenzaron a rondarlas e invitarlas a fiestas o a salir al billar. Por alguna razón siempre regresaban junto al callado que fumaba y leía.
 Las semanas transcurrieron, seguía viendo y discutiendo con mi ex novia, el sexo era más interesante después de una buena discusión, pero seguíamos sin retomar la relación. Estaba harto.

 Comencé a soñar con mi nueva amiga, como pocas, se metió a una parte de mí, pero como todas las chicas guapas, también tenía un defecto... Conocí a su novio un buen sujeto noble, carismático, sencillo, el tipo de hombre que ni volviendo a nacer lograría ser, incluso el día que me entere que lo quería dejar me moleste.
 La amistad fue creciendo, los lazos se estrecharon y un inevitable enamoramiento surgió, predecible y con un final no correspondido como suelen ser los amores juveniles.

Una tarde de esas en las que creía no aguantar más me lancé como loco a buscar su casa, tener el nombre de la calle ayudo mucho, pero en lugar de numero la descripción de la puerta no fue lo mejor. Porque puertas rojas con rejas azules hay muchas y la calle era enorme… varias horas después di con ella, se sorprendió mucho al verme de pie en su puerta, su cara era una mezcla de asombro, temor, dulzura.


 Le pedí que me escuchara, porque tenía un problema, que había una fulana que me encantaba, a la que adoraba como si fuera el sol y yo un rey egipcio, que me hacía desvariar, que me fascinaba estar con ella, que tenía novio... ella preguntaba "¿Quién es?” le respondía con más pros y contras de porque estaba confundido, no quería causarle conflicto, no quería perder su amistad, pero lo mucho que prefería decírselo a quedarme callado y a tener una pequeña posibilidad de estar con ella.
Su asombro crecía, “¿Quién es?" repetía, finalmente le dije "¿De qué sirve saber quién es, le vas a decir que deje a su novio?" después de un silencio dijo: “sí debo hablar con ella y golpearla lo haré”.

 La plática duro casi dos horas, la noche nos envolvió, no estaba muy seguro de decirle de quien se trataba, a lo lejos vi el coche de su novio y eso me hizo dar ese paso.

-¿No sabes de quien te hablo?
-¡No!
- Ella eres tú…

 Su cara se llenó de sorpresa, llego su novio, intercambiamos saludos y cortesías, me despedí de ambos, ella aun no reaccionaba, Comenzó a lloviznar, como todo un caballero su novio ofreció llevarme a casa en su auto, decline su oferta y alegue no querer hacer mal tercio.
 Di la vuelta y comencé a caminar, ella reacciono, gritaba "Ven, regresa" "Tenemos que hablar" sonreí de oreja a oreja, me sentí triunfalmente perdido.

 Al día siguiente no fui a la escuela, un trabajo me ocupo en cuerpo y mente, aunado a las pocas ganas de presentar el examen de contabilidad… En la noche encontré a la otra esquina del triángulo amoroso, mi infortunada celestina que debió hablar cuando pudo, pero prefirió callar. Porque las amistades perduran, los amores de juventud no.  

-¿Por qué no fuiste, teníamos examen de conta?

Dice mientras su pequeña mano me sujeta del hombro con cierta ternura que nunca noté hasta años después que lo confeso, ya casado y esperando a su segundo hijo…

-Lo sé, tenía que trabajar, fue de improvisto…
-No te preocupes, ya hablé con el maestro y el lunes a primera hora te aplica el examen.

Sonríe triunfal e inocente, justo como su nombre angelical.

-Gracias.

Entonces me beso, como acostumbraba al despedirse, al saludar y en cualquier momento que tuviera una excusa razonable.

-Buenas noches y ya duérmete.
-Sí, descansa.

Pedí el kilo de huevo por el que me habían mandado, cene y miré largamente la oscuridad, meditando en lo sucedido el día anterior. 
 El lunes a las siete de la mañana hice un devastador examen de contabilidad.
La susodicha apareció tres o cuatro días después. Ese año no volvimos a hablar del tema.



 Algunos meses adelante vino el revolucionario de ojos claros, líder proclamado del EZLN también conocido como el subcomandante Marcos, los únicos que amábamos lo raro éramos nosotros. Los fabulosos cadillacs marcaron el sonido de aquella época, sus caderas moviéndose al ritmo de las frenéticas melodías tuvieron un poco que ver…
 En apoyo a los Zapatistas se originaron una serie de conciertos en la polvorosa ciudad deportiva, un kilo de arroz o frijol por la entrada, una ganga. Recuerdo haber hecho planes para ir con el otro círculo de amigos, del que le mantenía alejada, no por miedo, pero no necesitaba que recordaran inoportunamente a la exs novia que seguía rondando mi cama.

 Así que tome los jeans negros, las botas altas y un chaleco negro para adornar la vestimenta, un amigo me recogió por el camino, línea nueve dirección Tacubaya hasta la ciudad deportiva, mil vueltas después logramos entrar por un hueco en la reja. Una bestia enorme de jóvenes se movía frenética de un lado a otro, mientras se repetía el coro de “peter, peter, peter punk” hicimos lo que los jóvenes saben hacer mejor, no pensar y dejarse llevar. Sumergidos en el slam golpeas y eres golpeado, pronto comenzó una canción aún más estruendosa que la anterior, todos brincamos y bailamos aquel “más cerveza para la cabeza y el dolor” entonces la vi, sus inconfundibles rizos rojos, bailando, sonriendo y sobre los hombros de su novio, lo… lo. lo hizo, se subió la playera para enseñar los senos, todos exclamaron, incluido yo. Supongo que me habrá escuchado o visto porque después de eso se bajó y se fue, quise saludarla, pero no me lo permitió, otros cuatro o cinco días sin verla. Del asunto ni hablar.



Salimos, bebimos, hubo miradas y roces accidentales, un día dejó de ir a la escuela y de responder el teléfono; se esfumo. La casa donde vivía fue vaciada, se marcharon con tanta prisa que la puerta estaba abierta, ese había sido mi amor platónico.




II

--En una tarde de escuela—

  El destino nos jugó una mala pasada y así como nos alejó nos hizo encontrarnos cruelmente a las puertas de un cine, tú ibas con él, parecía buena persona, pero no era yo, debo admitirlo teníamos un enorme parecido, pero yo envidiaba que él pudiera estar contigo.
 Tampoco iba solo… ella de tez blanca y ojos verdes, la adoraba con lujuria, digo locura y confieso que llegue a olvidar tu rostro entre sus brazos, aunque si he de ser fiel a la verdad, pronuncie más de una vez tu nombre mientras estaba con ella...
 Pero tu expresión al mirarla… Supongo que hice la misma cara al ver a tu acompañante; desagrado.

 Ella no eres tú.

 Disimulamos las emociones lo mejor que podemos, de aquel abrazo impulsivo que nos dimos al encontrarnos solo quedan miradas vagas. Caemos en formalismos sociales, tengo en la punta de lengua las palabras incorrectas listas para jugar al romance, para saborear tu piel de durazno… ¿Sabes diferenciar entre amor y disposición? Pero no te digo que escapemos, ni te beso con frenesí, son tus ojos dentro de mí, esperando que lo haga, que lo diga, que reclame eso que dejé pendiente años atrás, en lugar de eso, te presento a mi acompañante ¿dije que era mi novia? Seguro estoy de que
no dije su nombre, me parecía un insulto en vuestra presencia, te limitas a un cabeceo y a un “hola” susurrado… Ni siquiera recuerdas con quien vas, no me presentas a tu novio, amante, pretendiente, esposo.

 El silencio se prolonga, seguramente a los demás les resulta insoportable, para nosotros es música, son diálogos eternos, somos nosotros compartiendo.

 Rompes el silencio, “Ya nos vamos” y te conozco lo suficiente para reconocer el dolor en tus palabras, “Si, cuídate” me limito a decirte, extiendo mi mano para estrechar la tuya, el final del cuento de hadas, de regreso a la realidad.

 El papel entre nuestras manos me roza, me alerta, nuestras miradas se encuentran y se extinguen, das la vuelta, lo tomas de la mano, se alejan caminando. Doy la vuelta y beso con fuerza a mi novia, entramos al cine, ni me pregunto, ni le di explicación alguna. Aquella noche le hice el amor como nunca antes, era su cuerpo, pero los sentimientos eran tuyos. Ese orgasmo te pertenecía.
  

--Días después--

  Entre el desorden de mi habitación, libros y algo de ropa, aparecen mis jeans, de un bolsillo asoma un trozo de papel, casi me vuelvo loco al recordar que jamás lo revise, decía “Jess” tenía un número telefónico y una dirección de e-mail, reprimí las ganas de llamarte en ese momento y me limite a guardar bien la nota. Debajo del teclado donde van las cosas importantes. Sonreí el resto de la semana.

  Pasaron dos semanas desde que te vi, hasta que un buen día resolví mandarte un mensaje, al que de inmediato respondiste. Pasaron noches enteras en las que no dormimos por estar hablando al teléfono de todo y de nada. De ponernos al día y recordar esos viejos días.

 El tiempo pasó, los días se hicieron semanas, las noches aquellas se volvieron lejanos recuerdos, pasaban días entre mensajes, hasta que una noche justo después de conjurar amor al calor del frenesí y aun con sudor en la frente, el celular se quejó, parecía saber que no era del todo sincero. Desee que fuera Jess, tenía bastante que no sabía de ella.

 A la primera oportunidad corrí al baño a leer el mensaje; “No puedo más con esto, por favor ya no me escribas” Como un golpe a la quijada, vi estrellas por un momento, sentí desfallecer, recargue la cabeza en el espejo, desahogue todo lo que sentía en un solo puñetazo contra la pared, estrelle el azulejo de la pared y me abrí los nudillos.

 Después de lavarme la cara y la mano regrese a la habitación, mi novia no escucho nada, el sopor le había vencido, ahora se encontraba en los brazos de Morfeo, camino a la octava nube y el primer sueño.
 Abrí una ventana y encendí un cigarrillo, deje que el viento me llevara lejos junto con el humo, termine de fumar y regrese a la cama, dormí; sueños húmedos de revolución entre tus piernas.



--Un infierno congelado después--

     (En tiempo humano cuatro años)

  Había dado vuelcos tremendos mi vida, esa novia se convirtió en la mujer de mi vida, revolvimos nuestros Cd´s, compartimos cama, ducha, mesa, vida, siete días de la semana, pero esa es otra histeria.

 Comencé a usar más internet, un poco de redes sociales, pero sobre todo el e-mail y recordé que tenía cierta dirección que jamás agregue a mis contactos, algunos días después localice aquella nota, en una caja junto a mis libros de arte. Jamás la encontré en línea, eventualmente le mandaba cadenas estúpidas, que nunca respondió. ¿Quién lo haría?

  Una noche mientras naufragaba a la deriva por la red, entre saludos y toneladas de invitaciones, recibí un mail de quien menos esperé” Hola, este es el número de mi casa, y el de mi cel ¿Me marcas?”  Mujeres ¡¿Quién las entiende?!  Seré divertido e incluso infantil, de ahí a ser un juguete, me falta mucho.
  
  Esos cuatro años pasados me dieron otra perspectiva, mayor seguridad y me dejaron una lengua afilada y ponzoñosa, ni siquiera respondí, mitad miedo, mitad orgullo. Me limite al silencio, a la indiferencia.

 Terminó marcando a mi cel.” ¿Estas molesto conmigo? Quiero verte” su tono de voz quebrado me advierte de no jugar con mi suerte “¿Puedes venir?” Me da santo y seña de su nuevo hogar, un pueblo entre las fronteras del estado, tan pronto llegué a casa, escribí una nota justificando mi ausencia por varias horas, junto a la nota puse mi cel. como si lo hubiera olvidado accidentalmente.
    
 Excitado subí a mi corcel blanco, lo encendí y puse música a un volumen alto para no escuchar a mi consciencia. Casi una hora después llegue al centro comercial donde acordamos vernos. Ya estaba ahí.

A pesar de la distancia y el tiempo, solo había un pensamiento en mí y tus ojos me decían que la idea era mutua.
Algo me hace avanzar hacia ti, rodear tu cintura con mis manos, ver mi reflejo en tus ojos, buscar un destello, una señal, no me equivoque, ahí está, rodeas mi cuello con tus manos, me acercas a tus labios.

  Abordamos el auto en el que viajo, cruza por mi mente la idea, que tu sonrisa confirma. No llegamos lejos, creo que avanzamos un par de calles hasta encontrar un sito más tranquilo, apago el motor, libero el cinturón, el silencio nos invade, sonreímos y sin pensarlo dos veces me aproximo a ella, la beso, me pierdo… cual soldados mis dedos avanzan ganando terreno, reconociendo todo, conquistando. El rubor de sus mejillas se intensifica, un gemido escapa por sus labios anunciando el inicio de una victoria, el escalofrió le sube por la espalda, ¡es ahora!

 La temperatura sube, los cristales se empañan, esos dos lugares que ocupábamos se convierten en uno solo, puedo sentir los latidos acelerados de su corazón golpear mis labios, mis manos descubren lo que tu ropa oculta, un cuerpo bello enfundado en rojo los botones de mi camisa vuelan como balas, tus manos recorren mi pecho, bajan hasta mi cintura.

 La ropa nos comienza a estorbar, deslizo mis manos sobre tu piel, sedosa, caliente, tu respiración se acelera, no puedo dejar de besarte, tu piel sabe a canela, por fin lo poco que quedaba de ropa se ha ido, te abandonas, nos dejamos llevar, siento más tu calor, el vaivén de nuestros cuerpos solo es superado por la respiración acelerada, el tiempo se vuelve irrelevante, arañas mi espalda y te clavas en mi alma.

 Contemplo al ángel que me llevo al cielo, se abraza a mi pecho murmura una canción que apenas escucho.





III

2007



  Charlábamos y bebíamos como si no hubiera futuro, la banda de pronto comenzó a tocar "Where is my mind", me dijiste "esa canción me gusta" te levantaste y movías la cadera al ritmo de la canción, no quería quitarte la vista de encima, notas enseguida la mirada penetrante. Te acercas más, la piel se me eriza, la voz de mi conciencia esta ahí recordándome a la mujer que me espera en casa y que ni siquiera tiene idea de que estoy aquí, cree que estoy como esclavo en el trabajo.


“Way out in the wáter, see it swimmin’”
Asoma un percing debajo de su blusa, es lo más cercano que he estado de ser hipnotizado, instinto, salvaje y liberador.
 Juego con los botones de su blusa, subo y bajo recorriéndolos, de un momento a otro acorta la distancia, el baile más sensual de mi vida. Casi cuatro minutos de gloria interrumpidos.

-Estas vibrando…
-Tú me haces vibrar. (Sonríe)
-No, en serio teléfono móvil está vibrando.

 Bajé de mi nube y si, en efecto alguien me está llamando. Mi mujer… no puedo contestar en este lugar, se sorprendería mucho y haría preguntas que no estoy dispuesto a responder. Me disculpo, argumento que debo contestar esa llamada tan importante "Es del trabajo" alcance a decir.  Poco antes de salir del establecimiento, escuché su voz gritando desfachatada "Si es tu mujer, dile que estás conmigo que no moleste" Con la suerte que todos los presentes la escuchan y voltean a verme. 

 "¿A qué hora llegas? Te extraño mucho, no voy a dormir hasta que llegues…” y demás retalias que la verdad ni siquiera puedo recordar, estaba demasiado enajenado saboreando el piercing aquel.
 De regreso, ella ya no estaba. Me dejó, una mesera me dice que, la chica salió hace poco. Pague la cuenta de mala gana, apuro lo que quedaba de mi cerveza.






 2009



He perdido contacto con mis viejos amigos, algunos ya están casados, otros de viaje, desaparecidos, muertos, internados en rehabilitación o algunos ya ni siquiera son amigos. Todos elegimos una cárcel y vivimos en ella.

Una tarde de camino a casa choqué con un sujeto que al principio no reconocí, pero él me reconoció, uno de esos viejos amigos de la infancia, un año más grande que yo, con él jugaba futbol, fuimos contemporáneos de tantas aventuras que sería imposible pretender que no lo recuerdo.

Me pregunta que, si aún sigo con mi mujer, de mala gana le respondo que descubrí que me estaba siendo infiel con un estudiante de medicina, que me harté, que mandé al mundo a la mierda y que ahora estaba por mi cuenta. Mueve la cabeza en señal de desaprobación "que mal " atina a decirme, siempre te gustaron las mujeres hermosas, pero bastante locas. "Tenemos que ponernos al día" intercambiamos números de teléfono, nos despedimos y cada cual a su camino.

Meses después sonó mi teléfono un número que no conozco, es mi amigo que me invita a su boda, pero también a su despedida de soltero, no me agrada la idea, pero, “una ida al table dance es una ida al table dance”, y nunca se deben desaprovechar estas oportunidades porque nunca sabes donde terminará la noche; al inicio de las piernas de una bailarina o al final de un puñetazo.

Llegado el momento hago acto de aparición, saludo, bebo, emito largas bocanadas de humo, los puros que ha preparado para esta noche saben exquisitos con la cerveza. Se come y bebe bien, el box en la televisión termina de crear una atmosfera de cantina, el resto de invitados añade el tono pintoresco, que te hace sentir vivo y ajeno al mundo. Inocente su despedida de soltero, para mi gusto faltan mujeres.  Pero entiendo que teniendo al suegro y cuñados presentes debe ser algo incómodo disfrutar de una stripper, por suerte para todos se van cerca de la media noche.


No sé cómo se llama si Carlos o Juan, no logro recordar el nombre del otro mejor amigo, comienza a actuar como una persona divertida y que quiere ver desnudistas. Si hay algo que abunda en el estado de México son los tables y bares de tercera llenos de pseudo personas que harían cosas que no te imaginas por la cantidad correcta.   

Un par de comentarios en voz alta y pronto estamos ocupando dos mesas en un antrobarcantinapulqueriatabledance de mala muerte, música, chicas y jarras de cerveza llenas de espuma y bien cobradas.

Las chicas suben una a una al escenario se mueven y contonean con canciones que bien podrías escuchar en el transporte público de la ciudad, hacen lo mejor que pueden, el público presente no es exigente, danzan sobre sus tacones, presumen maestría sobre un tubo, suben y bajan hasta quedar sin prenda alguna porque desnudas jamás estarán. Las ficheras vienen y van entre canciones, ofrecen privados, bailes y si te ven con ganas de más fiesta un “jale” que no estoy seguro si es alguna droga o un poco de sexo.
 
Nos dieron las dos y las tres de la mañana, el alcohol fue haciendo lo suyo, embruteciendo a unos, durmiendo a otros y provocando una que otra nostalgia. Una pausa y música para bailar. Cumbias y salsas para cambiar el ánimo semi apagado, muchos piden su cuenta, salen dando tumbos.

 El otro mejor amigo logra un privado con la stripper más cotizada del congal, al parecer la salida que le iban a pagar no le funcionó. Dos mil o tres mil pesos que se le escaparon de las manos. Un billete de doscientos convence al Dj de poner enter sandman de Metallica para el privado, canción favorita del festejado. Mi amigo salió contento, no quise saber detalles.    

Empiezan las canciones de rock en inglés, las mismas chicas que antes se dedicaban a ritmos pop se lucen de nuevo, bailan exactamente igual, nadie nota sus movimientos, los más jóvenes nos emocionamos con guitarrazos.

Llaman a una chica a la pista, suena el inconfundible “Oooh stop” la piel de todo mi cuerpo se eriza al escuchar la guitarra, seguido de una batería, no hay volumen suficientemente alto para hacerle justicia al “where is my mind”. Inevitablemente recordé, la recordé moviéndose, enseñando el piercing del ombligo, los bucles rojos a cada lado de su cabello y sus benditas caderas… Dejo de soñar y vuelco mi atención a la pista, descubro a una chica, se esmera moviendo el trasero para un grupo de cincuentones, recibe obscenidades y alguien le arranca lo poco que llevaba por ropa.

Es delgada, está en los huesos, se acerca a nosotros, ojos hundidos, falta de sueño, sin maquillaje. ¡Vete, vete feo fantasma que me arruinas el recuerdo de la mujer que quizás ame! pienso para mí. Veo marcas rojas en sus brazos, una adicta, es fácil darse cuenta sobre todo cuando eres uno, tuvo mejores tiempos.

Acabó la canción, levanta las prendas desperdigadas en el escenario y se largó un tanto avergonzada.

Regresa la salsa y el DJ aprovecha para recordarnos que pronto hay que cerrar. Camino dirección al baño, escucho que regañan a alguien, gritos de mujer salen de la puerta de los improvisados camerinos. Tambaleante regreso del baño, siguen los gritos, la puerta se abre y una persona es lanzada, da de lleno en una mesa, la voltea y sus cosas son lanzadas sobre de ella, solo alcanza a cubrir su ya lastimado rostro con desganados brazos "¡Lárgate de aquí maldita adicta!" grita un hombre gordo y pelón. Todos en un momento voltearon a verla, nadie hizo nada. No siempre fui un hijo de puta al que no le importa nada. ¿Curiosidad tal vez o un dejo de bondad?  no lo sé, no puedo evitarlo y me acerco a donde está el lastimoso fantasma que arruinó mi nostalgia y recuerdo. Siento repulsión, pero no es de ella, es de mí. Veo un hilo de sangre por su nariz, le ofrezco mi pañuelo, retrocede asustada "Toma límpiate" le digo con firmeza, no lo acepta, estoy a nada de dejarla justo donde la encontré, opto por dejarle el pañuelo cerca. Quizá lo utilice.

Regreso a la mesa, permanecemos casi una hora más a esa hora ya no tengo noción del tiempo, al final pedimos la cuenta y como era de esperarse todo está sobre valorado, la bondad, sobre todo, un valor en peligro de extinción.

No me sorprende que sea el único con capacidad para conducir, aunque no podría presumir de sobriedad sin embargo no subiré a ninguno de estos asquerosos borrachos a mi auto y andar como repartidor de casa en casa, mi amigo es solo uno y lo llevan en coche, el resto que se joda. Cala el frío en los huesos, aún con mi abrigo logro sentir como el viento me congela la cara, me despido de todos, doy gracias por la invitación, subo al auto.

Calles después he acabado mi último cigarrillo, debo parar en una estación de servicio, veo mi reloj y noto que ya son las cinco de la madrugada y aún puedo sentir el elixir de esas jarras frías en mi cuerpo. A la salida de la tienda encuentro unos jóvenes molestando a una chica, la manosean, insultan. Cierto es que hay mujeres que se ganan el hermoso título de puta con toda su alma, también es cierto que me caga que un grupo de idiotas se pasen de listos. Ni siquiera lo pensé, solo lo dije "¡Déjenla en paz, come mierdas!" el valor del alcohol (le dicen) logré captar su atención, se acercan apestan a sudor con marihuana, valientes sacan una navaja que bien podría ser un corta uñas por el pequeño tamaño, “¡Insolentes!”. Un obeso pelón con pinta de “cholo” me mira a los ojos, debe de ser el jefe, mirarlo a los ojos es igual que ver a un perro de la calle que no sabe si atacarte o irse con la cola entre las patas y como perro debo darle una salida un poco digna, no tensar más de lo necesario la cuerda.
 "¡Vámonos de aquí!" dice el pelón, por un momento creí que mi sed de sangre sería saciada, los antiguos tendrán que esperar otra oportunidad.

Miro al bulto en el piso, de inmediato reconozco mi pañuelo, incrédulo me acerco a la piltrafa humana que yace tendida, algo pasa zumbando cerca de mi cabeza, me están usando como tiro al blanco, es un calibre pequeño, pero una bala es una bala y el diablo tiene buena puntería; la chica está más aterrada que yo, la tomo del brazo y subimos al auto. Sorprende que sea tan liviana, enciendo el motor, piso el acelerador a fondo, en la primera calle doy vuelta. El corazón me late a mil, vuelo a través de las calles, sigo; vuelvo a doblar, acelero, vuelo algunos semáforos en rojo antes de que la paranoia ceda. Detengo el auto en un local de comida junto a una patrulla.

Sabía que me harían falta cigarrillos, pero esto es absurdo. “¿Dónde te dejo?” le pregunto, me mira recién salida del trance, está ausente… metida en su viaje, no tiene idea de lo que sucede, considero seriamente dejarla botada. Cuando se le baje el efecto se ira a casa, al mismo tiempo pienso que tiene muchos problemas, que si está así es por algo, siento el impulso de ayudarle como nadie me ayudó. Enciendo el auto, doy marcha y entramos al primer motel que encuentro. Poco antes de entrar le miro bien, la conozco, no sé de dónde, pero la conozco.
  
Estaciono, abro su puerta y la cargo hasta la habitación, la recuesto en la cama. Reacciona. Me toma por el cuello, su aliento me da en la cara, es un insulto ¿hace cuánto que no se lava los dientes? “Házmelo aquí” intenta quitarse la delgada sudadera que lleva, retrocedo mareado por el mal aliento. Creo que no fue una gran idea.

Como pude logré arrastrarla hasta el pequeño baño, apenas y cabíamos los dos y sostenerla en pie fue un triunfo mientras luchaba para no caerme o mojarme. Le ayudo a despojarse de la sudadera “Te amo… házmelo” intenta sacarse los pantalones, pero no puede, no coordina tampoco lleva ropa interior, tiene un percing en su ombligo, verlo me trae recuerdos, pero los hago a un lado para concentrarme y abrir la regadera escurre una pasta negruzca que va tornando en color y densidad, del negro seboso al cristalino del agua.  El percing…


 Entonces la reconozco, como un balde de agua fría me caen los recuerdos uno tras otro, las idas al cine, las llamadas nocturnas, los días llenos de mensajes, la coquetería, mi galantería, el ir y venir de sus caderas, el, el, el amor… eres… tú. 






Entradas más populares de este blog

La sonrisa perdida.

Cálidas nalgas.

Doce pasos