Entradas

Mostrando las entradas de febrero, 2017

El Apando

Imagen
  #Terror #Vida #Recuento 
  Era una faena cruzar aquel patio sorteando prostitutas, niños jugando, borrachos y las peleas que son el pan de nuestro de cada día, todo esto sumado a la peste de orines y vomito. Años después llegue a la conclusión de que la RAE debería mostrar una foto bajo la palabra podredumbre. Una vecindad de cuatro pisos renombrada por los vecinos como “El apando”. Hasta entonces ignorado por mí el termino proveniente de la novela homónima del señor Revueltas. Con los años vi la adaptación al cine, el retrato de Lecumberri, parecía un bello lugar en comparación con la vecindad enclavada en Neza.
 Una vez al pie de las escaleras solo faltaba subir tres pisos en medio de gritos y llantos. El ser humano se puede acostumbrar a tantas cosas, a la miseria, sobre todo.
 Mirando hacia atrás veo esos días borrosos y lejanos pero inolvidables. Adoraba los lunes en aquel lugar, la cruda reinaba y el silencio con ella, todos duermen, mientras yo salía a trabajar o iba a la es…

El gran infierno.

Imagen
#Vida #Recuento #Desamor 

Dos citas, unas chelas, algunas risas y juramos nunca separarnos, el amor de jóvenes ¿No? El amor al alcohol combinado con soledad e ilusión, dirán los que saben.

Aquella noche morí por tercera vez en tu boca prodigiosa en movimientos dulces y palabras certeras al corazón, mi cuerpo reaccionó regalándote un chorro abundante que sorbiste con dedicación. El cielo.

 ¡Por fin nos habíamos encontrado y brindamos por eso!

 Tocas el cielo con las manos y las puntas de tus pies lo imitan.  Me empiezo a dormir, hay sangre caliente no puedo dormir.  Diez veces morí contigo y en ti.  Amaneció y tú te habías ido.


 El infierno vino después; verte con otros repetir la misma historia, escuchar sus promesas, verlos contigo y saber lo que aquellas manos descubrirían, lo que al cabo de unos días conocerían de ti.  Un gran infierno.

Lujuria eres tú

Imagen
  #Vida #Recuentos 
De cuando el hartazgo te invade y no importa que estés a la mitad de la noche en el lugar más remoto, desconocido o apartado, cuando tienes que moverte no hay nada que puedas hacer al respecto. En lugares desconocidos me entran manías raras como esa de usar chanclas donde suelo andar descalzo incluso en los lugares donde no debo.  Me da por ser sano, fumar menos, salir a correr, cuidar mi alimentación al grado de ser vegetariano. Pero las noches son implacables, los fantasmas me visitan y con ellos el recuerdo, una cosa siempre lleva a la otra. De algún lugar salen las botellas, dejé de preguntarme de donde hace tiempo, un trago se convierte en media botella y eso bastaba para perder la cabeza, eso era antes, aquellos momentos son un recuerdo no tan borroso, pero más anhelante que el tacto cálido de su mano.

Me sigue picando la hormiga del ayer, el licor se acaba en dos largos tragos que apenas y alcanzan a abotargar la mente, salgo tembloroso de mi cueva a cazar fan…