La sonrisa perdida.



 Hace unos días deambulaba por esta gran ciudad, buscaba algo (como siempre) si tan solo supiera que estoy buscando quizá ya lo hubiera encontrado, entre los olores y sabores que impregnan mis sentidos fui a dar al piso, alguien se rio y me alegra que lo hiciera, porqué tener que repetirlo, habría sido doloroso.
 
 Tendido en la acera con la cara en el suelo descubro un objeto a escasos centímetros de mi nariz, este resulta interesante, está sucio, le falta cuidado, da la impresión de que ha sido usado muchas veces, no me importa, con delicadeza lo tomo entre mis dedos, lo admiro maravillado. Permanezco sentado justo donde caí, absorto lo manipulo, la gente pasa alrededor mío, nadie se detiene; eso me alegra porque no quiero compartir el tesoro.

  Es tan familiar, recuerdo haberlo visto antes en otro lugar con mejor aspecto ¿en dónde ha sido? De mis bolsillos saco un pañuelo, froto con cuidado de no dañarlo más, limpio polvo, mentiras, lágrimas y algunos sueños rotos, ahora está libre de todo, sin embargo, aún se ve color gris tristeza.

  Nunca está de más decir que no me agrada ese color.
Ahora sé bien donde lo he visto, era bastante claro ¡¿Por qué no lo pensé antes?!
 
No hace mucho la vi en tu rostro, iluminando la noche más obscura que he vivido; partiéndola cual saeta en miles de fragmentos. Me enfrento a un gran dilema, devolverte la sonrisa extraviada o conservarla donde solo yo pueda verla.

  A pesar de todo, es otra la cuestión que me perturba; su falta de brillo. 
 Investigo un poco, acudo a los expertos en sonrisas ellos me recomiendan chistes y actos cómicos muy elaborados, aunque tienen cierto grado de razón su consejo no me satisface del todo.
 Busco otra opinión, hablo con un hombre de fe, él dice que el mejor camino es la oración y antes de que termine de decirlo ya estoy en la puerta saliendo. Algunos recomiendan meditación y ayuno, otros ni siquiera entienden la pregunta. Vuelvo derrotado, camino despacio meditabundo, me cruzo con una niña como de 10 años y sin hacerle ninguna pregunta esta me dice: “Solo dale cariño” tan rápido como apareció, se desvanece en la primera esquina, mi corazón reacciona a dichas palabras, las apoya, usa algo que no suele usar, la razón, he ahí el meollo del asunto, devolver el brillo a una sonrisa requiere de otra sonrisa.

 Si mi sonrisa brilla es por el contagio de la vuestra, encantado devolveré el favor cada que pueda.




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